//¿Por qué me ha tocado a mí ser la diferente?

¿Por qué me ha tocado a mí ser la diferente?

¿Por qué me ha tocado a mí ser la diferente?

Hoy voy a ser valiente, hoy me quiero lo suficiente, hoy te cuento alegre que por fin sé quién soy, y  por fin me acepto como soy.

Cuando era pequeña ya notaba que me costaba mucho trabajo ser como los demás.

En clase, mientras ellos atendían en silencio, yo escuchaba la voz de mi mente que me contaba otras cuestionas más interesantes. Cada vez que el profesor me preguntaba, yo parecía recién aterrizada, y claro…no sabía de qué me hablaba, así que no contestaba.

El colegio fue la etapa más dura de toda mi vida, yo quería ser como todos los niños pero no conseguía encajar en ningún grupo, parecía como si ellos fueran de un planeta y yo de otro.

Nunca ningún adulto lo vio, era como si esto no estuviera pasando, nadie me comprendió, nadie me ayudo, nadie me defendió, nadie.

Por las mañanas me quedaba en la cama suplicando enfermar para no soportar la tortura diaria, lo que para todos eran habilidades naturales, para mi eran esfuerzos inconmensurables.

Los deportes parecían fáciles en los pies y manos de mis compañeros, pero cuando el balón se acercaba a mí, parecía que venía enfadado, porque siempre me sacudía un golpe en la cabeza o en otra parte del cuerpo, pero la cuestión, es que nunca me debajo cogerlo ni chutarlo.

Las letras parecían del bando de los balones, también parecían hacerme rabiar, se desordenaban y me traicionaban, no conseguía poner las frases que me dictaban.

Cuando todos estaban dialogando, mis oídos no podían centrarse en ninguna conversación, era como si todas las palabras se entremezclaran y venían a mí en forma de catarata, por tanto, me costaba tanto seguir el ritmo que prefiera la soledad del cuarto de baño.

El momento del patio, los trabajos en grupo, eran para mí el infierno, escuchar cómo te rechazan duele, y duele más cuando otros aparentan quererte y lo que en realidad les sucede, es que te tienen pena.

Después de haber oído como me catalogaban como torpe, rara, loca, maleducada, desinteresada, antisocial, autista y bicho verde, decidí dejar salir la ira que me provocaban, y empecé a golpear a todos los que se atrevían a decirme cualquier adjetivo.

A medida que pasaba el tiempo, la cosa iba empeorando, parecía que era entretenido pincharme e insultarme, así que fruto de la necesidad de defenderme, empecé a pegar también a aquellos que murmuraban y cuchicheaban.

A las estrellas les preguntaba: “¿por qué me ha tocado a mi ser la diferente?”, pase años llorando entre las sabanas, callada y suplicando aceptación.

Cuando pasé al instituto, no me preguntéis por qué, tuve la suerte de  parecer normal, resulta que el disfraz que me había tejido donde parecía  pasota, chula y fuerte,  hacia que el mundo estuviera a mis pies.

De repente, merecía la pena ir a clase, era como si nos hubieran juntado a una persona de cada tribu y juntos nos aceptábamos, y no solo eso, si no que hasta nos enamorábamos los unos de los otros. ¡¡ Bendito momento que me permitía  ser valiente y conocerme !!

Mi paso por el instituto me permitió coger seguridad, explorar mis fortalezas y puntos fuertes, y pude empezar de nuevo a forjar mi personalidad.

Hoy ya sé quién soy, y amo mi trabajo tanto o más como mi estilo de vida.  Fuí una niña incomprendida, una niña rechazada, una niña catalogada como causa perdida…

Hoy no sólo soy defensora de las causas perdidas, sino que también intento sacar lo mejor de las personas que se acercan a mí, porque todas, absolutamente todas, tienen algo que aportar al mundo.

Hoy te invito a conocerte a ti mismo, te invito a conocer a las personas diferentes, a escuchar con el corazón y aparcar los oídos, a mirar a los ojos y ver el alma.

Hoy te invito a que aparques tu mente, a que dejes de juzgar, hoy te invito a romper tus prejuicios  y a que saques tu bondad.

Las personas no  son crueles, simplemente no saben cuánto  duele.